15 de marzo de 2013

Ella ya yace, en trance. Mirando a la nada, mientras esta la contempla desde ningún lugar. Con sus manos cogidas, como si así no se fuera a perder. La mente en blanco y el alma llena de morados, ya negra de sus días grises. Vaga en sus recuerdos mas no encuentra más que trenes perdidos. Ahora ella se ha convertido en una naufraga de su vida. Desaparece y nadie la ve, y cuanto más sola está más segura se siente. Cuanta más gente hay más soledad la invade. 
Y a pesar de que sabe que después de la tormenta siempre llega la calma, tiene muy claro que este temporal es permanente.
Aún así, aquí está, dispuesta a irse otra vez, a ser feliz. Le dice adiós al mundo real, cierra los ojos y desea con todas sus fuerzas que el despertado no vuelva a sonar al día siguiente a las siete de la mañana, como ya su rutina le imponía. Pero a pesar de tener la cabeza en la Luna siempre ha sabido mantener los pies en la Tierra.